PINTURAS


                       Propiedad particular,detalle,Ultima cena 1982                  


NOTA INICIAL PARA UN ESTUDIO DE LA PINTURA DE 
EDGAR DEL CANTO. 


Edgar del Canto aprendió a pintar copiando imágenes de fascículos de historia de arte, para un propósito de difusión religiosa, experimentando desde niño lo que significa ser un buen “imaginero”. Luego, ingresa a la Escuela Municipal de Bellas Artes para adquirir de manera sistemática un conocimiento que, supone,  habilitará su reconocimiento local.  Siendo un recién egresado, participa en el Salón SUR, que organizaba el Diario El Sur de Concepción, logrando ser seleccionado para la discusión final del premio. Este solo hecho lo confirmó en su decisión de validarse como un artista autónomo, cuyo trabajo se debía definir en Valparaíso, bajo las condiciones de una escena local que había sufrido una gran restricción durante la década anterior.   Es por esta razón que hizo ingreso a la Escuela de Arte de la UPLA; pensando que ésta le iba a proporcionar dos cosas; por un lado,  una información contemporánea sobre el debate pictórico,  y por otro lado, un conocimiento sobre el funcionamiento real del sistema de arte chileno.  En particular, lo que le entregó fueron indicios dispersos  sobre la existencia de un gran sistema de exclusión, que reforzaron aún más su decisión de convertirse en un artista local autónomo. 



                                           


                                                           Propiedad particular 1988

                                      

                                                          Propiedad particular 1988


Esto significaba recoger, mal que mal, una cierta tradición local, que hacía resonar todavía la enseñanza de Carlos Hermosilla. Pero Edgar del Canto ingresa a la escuela dos años antes del fallecimiento de Marco A. Hughes, cuya obra apenas alcanza a conocer y que sin embargo lo afilia a una tendencia que no tiene rasgos definidos, pero que enfatiza su trato con un tipo de  deformación figurativa que rompe con la academia local del retrato. Se volverá a encontrar con la obra de Hughes, años más tarde, motivado por el deseo de iniciar el trabajo de catalogación de su obra, como una manera de consolidar esta filiación y afirmarla como su “escena de origen”. Todo esto le era necesario para instalarse en una historia local muy personal, pero que se convertía en eje de reconversión del estatuto del pintor, en un Valparaíso que todavía no ha sido declarado Ciudad Patrimonio de la Humanidad. 


                                                           Tempera sobre papel 1986




                                                          Tempera sobre papel 1986




                                                         Propiedad particular  



Menciono lo anterior, porque esta declaratoria pasa a banalizar la representación de la ciudad en la pintura, favoreciendo el comercio de imágenes de una autenticidad fabricada a la medida por unos operadores culturales externos, en provecho de una incipiente industria de turismo patrimonial. Este es un gran escollo que artistas como Edgar del Canto deben enfrentar a partir de los años noventa;  es decir, no solo la exclusión inicial del propio sistema de arte chileno, sino la desnaturalización de su posición de pintor. Lo cual lo conduce a desarrollar una obra personal que  construirá sus propios sistemas de reproducción y de validación, montando un taller en el que impartirá clases privadas, lo que lo convertirá  en un referente local en la  materia. 














¿En que se verifica esta singularidad local, en el caso de Edgar del Canto? Desde sus comienzos, en una desenfadada concepción del ridículo en un interior clase-mediano totalmente descuidado, reflejo de un naufragio social irremediable. El Valparaíso que Edgar del Canto retrata es el de ese naufragio, verificado en la topografía facial  de un universo visible que debe obligarse al dominio de las fachadas, porque no soporta reconocer la ruinificación de la rostroeidad local. 

Es así como la pintura que fuera seleccionada en el Salón Sur exhibiría este grado de desconstitución del sujeto, pero a nivel del diseño del interior urbano. Nada que acerque a la nostalgia de un tiempo porteño ya acabado; porque la pérdida no ha sido más que la constante. En esta domesticidad averiada lo que hace Edgar del Canto es pintar en el  hiato, entendido como hendidura y fisura en el cuerpo, que lo reconoce en la fractura de su estructura simbólica, donde la representación de la carne se disuelve en una afectación in/significante. Por eso, después de pintar interiores desconstituídos, pasa a realizar retratos con lápiz grafito sobre pintura rosada, marcando el sentido de unas hendiduras a través de las cuáles  el cuerpo abandona toda su humedad. Edgar del Canto, de este modo, “charquea” no solo la pintura, mediante un procedimiento no académico; sino que convierte en “charqui” la afectación de la carne. El rostro, entonces, es el efecto de una sequía para la cual, los trazos no son más que las huellas de las nervaduras intermedias del cuerpo, que contraen la representabilidad de los rasgos identitarios. 

En el fondo, les sustrae toda humanidad deseable para arrastrarlos a toda la animalidad que le es posible acceder. De este modo, el cuerpo se convierte en un murmullo de la desafección, que se modula figurativamente como un gemido que implica ciertas consideraciones fatales en el orden social. Por eso, a comienzos de este año, Edgar del Canto sostuvo la curatoría  de una selección de obras de Marco A. Hughes en el Parque Cultural de Valparaíso, como una extensión de su propia concepción de la pintura. El gemido, el grito, como señala Bacon en alguna entrevista, es solo una mancha de pintura. En estos gritos figurados por Hughes, Edgar del Canto “lee” las claves de la desafección de la carne, sobre todo en esas obras que coinciden con la cercanía de los llamados “psicópatas de Viña”, en el sentido que éste pinta el desmoronamiento de las bases de la socialidad local.  Edgar del Canto prolonga este gesto en la pintura que realiza  durante la última década, forzando las cosas para regresar de la ausencia de humedad, a un énfasis de la devolución de la grasa a la representabilidad del cuerpo; pero siempre, no modulando el exceso adiposo que domina la restitución de lo humano. 


Justo Pastor Mellado
Concepción, 2009

Premio Regional de Ciencias Sociales "Enrique Molina"





Propiedad particular  




                                                               Propiedad particular



Una forma, humana, sobre un fondo completamente neutro,  cuerpo sin brazos,… degradado…   encerrado en un hálito de sumisión o de modestia,  o  como si  se hallara en gestación,  o aun en el  vientre de su madre… esperando, ausente… de ahí la economía del fondo que casi se hace  redundante y que le permite el protagonismo necesario, a esta forma a punto de  desaparecer.




                                                                   Propiedad particular



El tratamiento del rostro  y en segundo término de la ropa,  si bien se condice con la misma fórmula de los ejercicios anteriores, ahora muestra un signo menos apremiante,  aquí la violencia del tratamiento, termina con una variedad de caricia, una atmósfera de intimidad,  convierte al personaje en un ser  que prefiere el anonimato .Acostumbrado al silencio, “sus asuntos” lo llevan a quedarse en un curioso mutismo.

 El   artista pareciera rendirse a esta proyección tonal,  mapa de modulaciones, que exhortan un consenso para erigirse como rostro, con una voz y un temperamento propio.  En la práctica del ejercicio, el artista prefiere no desgastarse,  es como si pintara guiado por una revelación,   el encuentro  con el personaje,  es a través del azar,  y de los modales de la casualidad,  es un encuentro sin ruidos,  cargado de formalidad,  artista y personajes “hablan  solos” en un lugar incógnito, como si fueran cómplices   


Sobre los pliegues de su cara,  flota una membrana lustrosa y fina, hecha con veladuras de pigmentos al agua, si bien esta veladura es una base blanca,  cuya ejecución es anterior a la del  rostro que está hecho con lápices de colores, la percepción psicológico,  nos dice lo contrario, el afecto logrado, nos aconseja mentir a nuestro sistema nervioso, es mas verdadero verlo así.  Esta membrana que,  ingrávida flota,  sobre el paisaje de este rostro, es la cualidad de una carnación,  en la cual pareciera, como si  el mundo repara por primera vez

De movimientos ocupados en la  justificación, congelados, tardos,  , este ser obedece  a una biología  elemental,  concentrado en sí mismo, su metabolismo es arbitrario,  y pareciera  ser cautivo de la indecisión,  la sacudida de estar vivo lo agobia, pero  la verdad es que,  se ha acostumbrado a no tener  preferencias,  su vida es de una sola pieza y se dirige a un porvenir abrillantado,  le basta acariciar este destino, cuya astucia es  remedar una felicidad endomingada.

El rostro parece dibujado por pura luz, una luminosidad que se  diluye, o que brota  como si fuera una luz liquida, y  gotea  en un juego transitorio , que desparece, apenas asoma,  anunciando el gesto de la boca, que vemos hundida, en si misma, una abertura, fruncida, como un orificio misterioso,  que le da una calidad genital,  como una broma  irritante que perturba… esta boca extraordinaria, insostenible, audaz, ida,  es por donde se destruye,  entregada  a una fuerza centrípeta, todo el rostro….me recuerda algunas imágenes de santos en éxtasis, enajenados, abandonados a una  pasión desvariada, como una severidad erótica,  y contradictoria.
                                                          

                                                                                      Alejandro Guzmán Lorca.
                                                                                             
Artista visual





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                                                                  Propiedad particular





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2 comentarios:

  1. Bien, tu última obra, digna de ti, visite tus trabajos desde Brasil y se ven muy bien, porque allá hay una red de mejor resolución que la nuestra, me comentaron los Brasileños, que tenías una imaginación febril, que cada cuadro cuenta minutos o segundo de tu vida y quizas hasta de una vida pasada, eso no lo entendí muy bien, pero amigo te ven y por correo te contaré las dificultades que ven para comprar.Espero que lo solucionemos.

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  2. Edgard , como amigo y coleccionista .
    Tu obra es increíble !
    Keep up the good work !

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